ADRENALINA EN LOS RÁPIDOS DEL RÍO BAKER

  • Hacemos una visita a Puerto Bertrand donde inicia el río más caudaloso de Chile y tal vez el más hermoso del país, gracias a sus aguas de color turquesa. Allí nos montamos en una balsa para hacer rafting a lo largo de seis kilómetros, en lo que es una experiencia única en Carretera Austral.

 

Viajamos por Carretera Austral Sur y el General Carrera nos acompaña imponente siempre al costado izquierdo de la ruta. De pronto, un nuevo lago asoma en el horizonte. De color turquesa intenso, destaca en medio de montañas y glaciares de la cordillera que dan origen a sus aguas. Es el hermoso lago Bertrand, y no tardamos en llegar a un pequeño pueblo junto a él. Se trata de Puerto Bertrand, un lugar donde sus habitantes viven del turismo en torno a actividades acuáticas y que marca también el inicio del río más caudaloso de Chile, el Baker, que 175 kilómetros más adelante desembocará en el mar. Hemos llegado hasta aquí, muy cerca de los Campos de Hielo Sur, para realizar una actividad que promete adrenalina y muchas emociones. Estamos en Bertrand para hacer rafting.

A Puerto Bertrand los turistas suelen viajar para realizar actividades outdoor y turismo de aventura, entre ellas pesca con mosca y descenso en rafting. La gente se mentaliza para empaparse en los caudales del Baker y vivir la experiencia de navegar río abajo. Y la mejor alternativa es sin dudas el rafting a bordo de balsas que aseguran un descenso a través de rápidos clase II y III (aptas para gente sin experiencia previa) en un recorrido de seis kilómetros. Junto al río Baker nos conducen a un lugar con oficina, camarines y baños, donde nos equipamos con chaleco salvavidas, casco, cortaviento impermeable y traje de neopreno. Luego, en equipo, trasladamos una de las balsas hacia la orilla del Baker, tomamos unas fotos y recibimos también instrucciones de seguridad por parte del equipo de guías. Estamos listos para partir la aventura en la Patagonia.

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Desde un muelle observamos el inicio del Baker en lo que es una especie de embudo que se forma en la parte más austral del lago Bertrand. Desde allí se aprecia la potencia que tiene el río más caudaloso del país, con un caudal medio de 870 metros cúbicos por segundo. Durante su recorrido es alimentado por afluentes de ventisqueros y montañas nevadas, siendo navegable desde su nacimiento hasta la confluencia con el río Nef. Al Baker más adelante se le unirán los ríos Chacabuco, Cochrane, Del Salto, Colonia y Los Ñadis. 

Es hora de entrar al agua y montar en la balsa en un sector donde las aguas están aún calmas y reflejan los bosques y montañas que nos rodean. A unos 100, o tal vez 200 metros, logramos divisar el primer rápido, por lo que pronto debemos empezar a remar para agarrar vuelo. El primero de los rápidos lo sorteamos sin dificultad, y nos da una idea de lo divertido y seguro de la actividad. El grupo humano ya comienza a afiatarse y empieza a aflorar la algarabía. Algunos gritan y ríen como niños, otros se dedican a grabar en cámaras GoPro, otros -quizás más nerviosos- reman de forma más silenciosa. Lo entretenido del rafting es que combina perfectamente momentos de calma y contemplación, donde puedes relajar, y momentos de máxima concentración y movimiento, donde debes remar sin pausa y siguiendo indicaciones.

Tras unos instantes de calma, el guía nos indica de la proximidad del siguiente rápido, “El Reservado”, que es un poco más largo que el primero y tiene una hidráulica en el centro que es bastante fuerte. Por ello el guía nos pide que rememos un poco más rápido y que agarremos mayor velocidad. Dicen que si no lo hacemos, es probable que nos demos vuelta ¡Adelante, adelante! Es la señal para que retomemos nuestro trabajo con los remos. Pronto sentimos nuevamente el vaivén de las olas que sacuden la balsa. Y con ello vuelve toda la adrenalina. La embarcación sube y baja y da fuertes saltos. En ese momento recordamos que es el Baker el que marca los ritmos. El que manda, en definitiva. ¡Alto! Cada cierto tiempo nos indican también que debemos parar, mientras la balsa comienza a girar para un lado y para el otro. Es parte de la estrategia con la que hay que afrontar los rápidos. Es un trabajo en equipo, por lo que gritamos y nos damos ánimo entre todos a medida que nos envolvemos en esta especie de montaña rusa acuática. ¡Remo arriba! Es el grito de guerra y todos chocamos nuestros remos en señal de alegría y de haber logrado “batallar” contra los rápidos del Baker.

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Tras la experiencia en los rápidos, algunos más osados deciden lanzarse a las gélidas aguas del Baker para sentir de cerca su pureza y su origen glaciar. Tras continuar en calma río abajo, desembarcamos antes de la confluencia con el río Nef, cuyas aguas lechosas enturbian las del Baker de aquí en más. Nosotros allí disfrutamos de un snack que nos recompone de la exigencia de la actividad, y retornamos por Carretera Austral a Puerto Betrand con la satisfacción de haberlo entregado todo, y le damos las gracias al río por habernos permitido disfrutar de sus aguas.

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